Creo que todos
hemos tenido un momento en nuestras vidas en el que sentimos que no podemos
estar mejor… que no daríamos porque esos momentos fueran eternos ¿verdad? Me puse a pensar
estos días sobre mis momentos de gloria porque dramáticamente me di cuenta de
que estoy creciendo y en unos meses comenzaré mi último año de bachillerato…
algo que veía a 6 millones de años luz y antes de que pudiera realmente
pensarlo bien ya se encuentra a la vuelta de la esquina.
Obviamente me
puse algo nostálgica y comencé a pensar en todo lo que he vivido durante todos
estos cuatro años que fue en los que realmente consideré que comenzó mi
adolescencia y lo mucho que he desarrollado y cambiado mi personalidad durante
la misma.
A pesar de haber
dado un cambio totalmente radical, en realidad no siento que ha afectado mi
vida, sigo siendo la misma… solo que ¿diferente?
Mis momentos de
gloria van desde cuando me escogieron para decir unas palabras en mi promoción
de sexto grado, hasta el día que conocí a mis ídolos en el parque del este… o
también cuando me di cuenta de que amaba escribir e inexplicablemente tenía
talento para eso.
Creo que uno de
mis momentos dorados más hermosos fue ese… darme cuenta de que de verdad servía
para algo. La mayoría de mis años anteriores debo admitir que en la búsqueda
por encontrar a la verdadera yo fui algo wannabe
si podemos llamarlo de esa manera. Me gustaba todo lo que estuviera de
moda, lo que le gustara a los demás… todo en lo que tal vez podría encontrarse
mi identidad… solo que estaba equivocada porque a la verdadera yo la encontré
haciendo algo que a la mayoría le fastidia o les parece aburrido; la encontré
leyendo.
Siendo totalmente
sincera fue un sentimiento inexplicable… fue como sentir que había encontrado
algo que había estado dentro de mí pero no había descubierto. Leer me ayudó a
superar, a distraerme y a mejorar en lo que se ha convertido en mi vida, mi
mayor meta… mi sueño. Escribir no es fácil, cumplir el sueño de ser escritora
tampoco lo es y lograr ser publicada mucho menos.
Todavía tengo
altas y bajas… todavía hay días en los que pienso que tal vez no nací para
esto, que solo fue una ilusión, que tal vez estaba equivocada pues tengo 16
años y tengo derecho a equivocarme con respecto a mi propósito en mi vida, pero
después me encuentro escribiendo cosas como esta, sin sentido y sin motivo pero
que me hacen feliz y me hacen sentir llena.
Quise ser
diseñadora, doctora, astronauta, bailarina, maestra, chef, deportista… pero me
di cuenta de que todo eso puedo serlo siendo escritora. Puedo crear vidas, mundos, moralejas, diversión,
entretenimiento, puedo dar comprensión, puedo hacer todo lo que quiera y más.
Q.